Lo malo y lo feo

Budapest no me gustó del todo

Por en 19 febrero, 2014
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Estando en Viena, en mi pequeño ‘tour’ por Europa 2010, tuve la oportunidad de elegir entre ir a Praga o a Budapest , pues ya no me quedaba mucho tiempo para seguir viajando… ¿Y adivinen qué?… terminé inclinándome por Budapest en Hungría (gran error).

Había oído y leído tan buenos comentarios sobre esta ciudad a la cual todos tildaban de hermosa… que estaba ansiosa por descubrirla.

Después de 3 horas en tren, finalmente llegue a Budapest. Pero al salir de la estación me quede un poco consternada con lo que vi, pues los alrededores a la estación no tenían un buen aspecto… todo se veía tan descuidado que me generaba inseguridad. Sin embargo, mis ánimos por conocer aquella ciudad siguieron intactos… así que lo siguiente que puse en marcha, fue ir en busca de mi hospedaje.

Conforme fui avanzando por una calle, mientras buscaba en mi mapa la dirección de mi albergue, noté que las calles eran bastante sucias y algo desoladas (al menos las que estaban en esa zona).

Seguí caminando, hasta que llegué a una gran avenida en donde pasaban muchos coches, así que me detuve esperando encontrar un semáforo para poder cruzar, pero par sorpresa mía no encontré ninguno, y entonces empecé a inquietarme. Después de estar un rato parada, pensando en como podía cruzar esa avenida, me atreví a preguntarle a un transeúnte (quien a duras penas entendió mi inglés), pero que terminó enviándome a descender por un subterráneo para de esta forma poder cruzar hacia la calle de en frente. Así que seguí sus instrucciones.

Después de esta anécdota, tarde un buen rato en encontrar la calle en donde se encontraba mi hospedaje, ya casi anochecía y yo me encontraba sola, cansada y en un país desconocido con una maleta que empujaba a cuestas por unas viejas aceras. Fue en ese momento que ya empecé a estresarme. Y como si fuera poco, cuando intentaba cruzar una pequeña calle en busca de mi hostel, un coche que venía muy rápido literalmente me rozo los pies. En ese momento empecé a sudar frío y pensé seriamente si había hecho lo correcto en haber elegido esa ciudad como destino.

Finalmente, y por obra y gracia divina, encontré mi albergue, el cual se encontraba al final de una estrecha calle que apenas se podía divisar. Ya por fin en el lugar, me vi obligada a subir con mi maleta numerosos escalones cuesta arriba, pues la recepción se encontraba en el último piso de un viejo edificio y no había ascensor, vaya suerte la mía!

Mi habitación por lo menos era decente y con suerte pude conocer a una chica argentina y a un chico chileno con quienes rápidamente hicimos amistad y hasta decidimos salir juntos a conocer la ciudad. Ya para entonces se había hecho de noche y caminando por la las calles de Budapest me di cuenta que no habían muchos postes de luz y que estaba poco alumbrado, algo que le daba un aire tétrico y solitario.

Además, en nuestro recorrido pudimos ver muchos mendigos y personas “sin hogar”, durmiendo por las calles. (Si bien es cierto que la gente sin un lugar donde vivir, muchas veces no tiene la culpa de su infortunio. Y la pobreza y el abandono son sólo consecuencias de un grave problema social en cualquier país del mundo, la primera impresión que esta genera en el visitante es algo que no se puede evitar).

Esa noche pudimos disfrutar de las hermosas vistas hacia el Puente de las Cadenas, el cual se encuentra junto al Danubio y desde donde se aprecia también la colina del castillo. Tengo que decir que esa zona sí estaba bien cuidada y también bien alumbrada, algo que no podía ser para menos, pues se trataba de una atracción turística.

Al siguiente día tuve que separarme de mis ‘nuevos amigos’, pues cada quién emprendía un rumbo distinto, así que tuve que seguir mi recorrido sola por esa ciudad, estaba claro que apenas había llegado.

Así que intenté conocerla haciendo uso del transporte público, pero pronto me pareció un servicio algo antiguo y además confuso. Así que para disfrutar de mi estancia y evitarme más decepciones opté por tomar un bus turístico, pues en ese momento me pareció lo más conveniente.

Fue así que en dos días pude conocer los principales monumentos, puentes y edificios de Budapest, que a mi opinión personal son lo único hermoso por ver en ese lugar, incluso algunos de ellos han sido declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Sin embargo, honestamente, sobre la ciudad y la gente no puedo decir lo mismo, pues la ciudad no me pareció bonita del todo, ni tampoco pude apreciar ese “calor humano” por parte de los habitantes hacia el turista. Así que por eso terminé concluyendo que Budapest no me gustó del todo!

Texto y fotografía: Libia CV


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